1) Buscamos corazones inquietos.

Como centro agustiniano, buscamos corazones inquietos, con capacidad de interrogarse y plantear una visión de futuro más global y abierta.

Como centro católico, fomentamos el desarrollo de la persona íntegra y moral, desde los valores del evangelio.

Como centro educativo, buscamos una visión práctica de la educación con capacidad de adaptación al cambio y la mejora continua.

Como Centro activo de formación, queremos comunidad educativa que sea emprendedora, que valore la creatividad, el ingenio y que tenga visión de futuro, consciente del trabajo diario, pero con una mirada en el mañana.

2) Personas y comunidades libres, emprendedoras, críticas, comprometidas y felices.

Queremos ser emprendedores, firmes en valores y con capacidad de adaptación al cambio.

En nuestro carisma agustiniano interaccionan dos aspectos:

- Dimensión personal: búsqueda inquieta de la verdad.

- Dimensión comunitaria: fomento de la fraternidad, amor y caridad.

Educamos para la superación y el crecimiento personal, la reflexión y la interioridad.

Hacemos del alumno una persona libre, responsable y consciente de sus valores

y metas, capaz de adaptarse a las necesidades que le rodean.

Pretendemos que el alumno se sienta satisfecho y feliz por su trabajo.

Fomentamos la capacidad de trabajo en equipo.

Iniciamos al alumno en la vivencia de la amistad como proceso de apertura a los demás.

Fomentamos la interacción entre el profesorado y las familias, considerándolas piezas clave en el proceso educativo.

3) Evangelizar desde el amor y la ciencia.

Toda la comunidad educativa, desde el carisma agustiniano, educamos integralmente para la búsqueda de la verdad mediante el diálogo fe-razón, integrando mente-corazón, en compromiso con la sociedad, desde una visión personalizada de la fe, una propuesta vocacional y mirando al futuro.

4) El alumno es el protagonista y el profesor es el facilitador.

Siendo el alumno protagonista de su propio aprendizaje, el profesor es facilitador que, desde una atención personalizada basada en una metodología activa y participativa, forma para vivir de una manera libre, crítica y feliz.

5) Ser espacio abierto a las necesidades del entorno.

La escuela agustiniana se convierte en un espacio abierto a las necesidades del entorno, la familia y el mundo, en el que los alumnos poseen las herramientas para acceder al conocimiento. La interioridad, espontaneidad, solidaridad y la colaboración juegan un papel decisivo, y el profesor es acompañante y guía.

6) Necesitamos cambios estructurales.

Partimos de un contexto social que debemos conocer y que está en continuo cambio. El claustro, equipo de profesores, con conexión emocional y proyecto común es capaz, con equipos multidisciplinares, de dar respuesta a las necesidades del contexto social.

Una arquitectura simple, modular, flexible, permite la adaptación ágil y asequible a las necesidades organizativas del momento.

Necesitamos contar con las familias en el proyecto educativo; que éste permita que los padres trabajen en el propio colegio algunos proyectos. Transparencia total con las familias como garantía de permanencia y participación.